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viernes, 31 de mayo de 2013

Mi declaración de autoestima


Lo que soy es suficientemente bueno si tan sólo lo fuera abiertamente.
Carl Rogers



El texto siguiente fue escrito en respuesta a la pregunta de una joven de 15 años, "¿cómo me puedo preparar para una vida satisfactoria?"

Yo soy yo.
En todo el mundo, no hay nadie más exactamente igual a mí. Hay gente que tiene algunas partes iguales a las mías, pero nadie da como resultado alguien exactamente igual a mí. Por lo tanto, todo lo que sale de mí es auténticamente mío porque yo sola lo elijo.
Yo soy dueña de todo lo que me concierne: mi cuerpo, incluyendo todo lo que hace; mi mente, incluyendo todos mis pensamientos e ideas; mis ojos, incluyendo las imágenes de todo lo que contemplan; mis sentimientos, sean cuales puedan ser: ira, dicha, frustración, amor, desilución, entusiasmo; mi boca y todas las palabras que salen de ella: corteses, dulces o groseras, correctas o incorrectas; mi voz, fuerte o suave; y todos mis actos, ya sea que estén dirigidos hacia otros o hacia mí misma.

Soy dueña de mis propias fantasías, mis sueños, mis anhelos, mis temores.

Soy dueña de todos mis triunfos y éxitos, de todos mis fracasos y errores.

Debido a que soy dueña de todo lo mío, puedo llegar a conocerme íntimamente. Al hacerlo, puedo amarme y ser amigable conmigo en todas mis partes. Entonces puedo hacer que a todo lo mío le sea posible trabajar en función de mis mejores intereses.

Sé que hay aspectos de mí misma que me intrigan y otros aspectos que no conozco, pero mientras sea amigable conmigo misma, puedo buscar valiente y con esperanza las soluciones a los enigmas, así como maneras de descubrir más acerca de mí.

Me vea como me vea y suene como suene, lo que diga y haga, y lo que piense y sienta en un momento dado, soy yo. Esto es auténtico y representa dónde estoy en ese momento del tiempo.

Cuando más adelante mire en retrospectiva cómo me veía y sonaba, qué decía y hacía, y cómo pensaba y me sentía, algunas partes pueden resultar inadecuadas. Puedo destacar lo inadecuado y conservar lo que me demostró ser adecuado, e inventar algo nuevo para reemplazar lo que descarté.

Puedo ver, oir, sentir, pensar, decir y hacer. Tengo las herramientas para sobrevivir, para estar cerca de los demás, para ser productiva, para comprender el sentido y descifrar el orden del mundo de la gente y las cosas fuera de mí.
Me pertenezco y por lo tanto puedo guiarme.
Yo soy yo y así estoy bien.

Virginia Satir

jueves, 30 de mayo de 2013

Sí, tú puedes

Sí, tú puedes


La experiencia no es lo que le acontece a un hombre: es lo que un hombre hace con lo que le acontece.
Aldous Huxley


¿Y si a la edad de 46, en un terrible accidente de motocicleta, sufriera quemaduras que lo dejaran irreconocible y luego, cuatro años después, quedara paralizado de la cintura para abajo en una caída de avión? ¿Puede entonces imaginar que se convierte en un millonario, un orador público respetable, un recién casado feliz y una persona de negocios exitosa? ¿Se imagina remando una balsa sobre aguas espumosas? ¿Lanzándose en paracaídas? ¿Contendiendo para un cargo político?

W. Mitchell ha hecho todas estas cosas y más después de que dos horribles accidentes dejaran su rostro parchado con injertos de piel de todos colores, sus manos sin dedos y sus piernas delgadas e inmóviles en una silla de ruedas.

Las 16 cirugías que Mitchell soportó después de que el accidente de motocicleta quemó más del 65 por ciento de su cuerpo, lo dejaron incapaz de levantar un tenedor, marcar un teléfono o ir al baño sin ayuda. Sin embargo, Mitchell, un ex infante de marina, nunca se creyó derrotado.
“Estoy a cargo de mi propia nave espacial”, dijo. “Son mis propios altibajos. Podría optar por considerar esta situación como un contratiempo o como un punto de partida”.

Seis meses después estaba piloteando otra vez un avión.

Mitchell se compró una casa victoriana en Colorado, algunos bienes raíces, un avión y un bar. Más adelante se asoció con dos amigos y fundaron una compañía de estufas de leña que se convirtió en el segundo empleador privado de Vermont en orden de importancia.
Luego, cuatro años después del accidente de motocicleta, el avión que Mitchell estaba piloteando se estrelló contra la pista durante el despegue, con lo cual las doce vértebras torácicas de Mitchell se comprimieron y él quedó permanentemente paralítico de la cintura para abajo.
“Me preguntaba qué demonios me estaba ocurriendo. ¿Qué hice para merecer esto?”

Impávido, Mitchell trabajó día y noche para recuperar tanta independencia como fuera posible. Fue electo alcalde de Crested Butte, Colorado, para salvar al pueblo de la industria minera, que arruinaría su belleza y su medio ambiente. Más adelante, Mitchell contendió por el Congreso y convirtió su apariencia extraña en ventaja con lemas como “algo más que otra cara bonita”.

A pesar de su apariencia inicialmente impresionante y de sus retos físicos, Mitchell comenzó a remar balsas sobre aguas espumosas, se enamoró y se casó, obtuvo el grado de maestría en administración pública y continuo volando, participando activamente en el movimiento político en defensa del medio ambiente y dando discursos.

La firme actitud mental positiva de Mitchell le ha valido presentaciones en programas televisivos como Today Show y Good Morning America, así como crónicas en Parade, Time, The New York Times y otras publicaciones.

“Antes de quedar paralítico, había diez mil cosas que podía gacer”, dice Mitchell. “Ahora hay nueve mil. Puedo concentrarme en las mil que perdí, o bien enfocarme en las nueve mil que me quedan. A la gente le he dicho que he tenido dos grandes choques en mi vida. Si he decidido no valerme de ellos como pretexto para desistir, entonces quizás alguna de las experiencias que ustedes estén teniendo y que los estén disuadiendo puedan verse desde una nueva perspectiva. Pueden dar un paso atrás, buscar una perspectiva más amplia y darse la oportunidad de decir: Quizá después de todo no tenga tanta importancia.”

Recuerde: “No es lo que le acontece, es lo que hace con ello.”


Jack Canfield y Mark V. Hansen